HACIA DENTRO. ANCLANDO “EL OBSERVADOR “

“Para adquirir conocimientos, uno debe estudiar. Para adquirir sabiduría, uno debe observar”. Marilyn Vos Savant

La meditación clásica, hoy en día refinada y conocida como Mindfulness, activa el cultivo de la Atención. Se enfoca en encontrar un punto de mirada interno donde aquietar la mente para conectar con una de las varias dimensiones que somos: el espíritu, la parte más divina y elevada. Al meditar se coloca el llamado “observador”, consciencia superior, que contempla todo el ruido o contenido incesante (propio de la mente parlante), en la atención sostenida y continuada hacia otra cosa (respiración, cuerpo, emoción, movimiento, sonido, acción, etc) con el objetivo único de Observar, escuchar, ser, ir hacia dentro, vincularte con el Sentir y conectar con la consciencia superior, el Ser Esencial.

Sabemos los múltiples beneficios que aseguran los estudios neurocientíficos que tiene esta práctica, la cual proviene de culturas y filosofías ancestrales como el Budismo, que promueve el cultivo y desarrollo de la observación ecuánime, neutral, sin juicio de los pensamientos, así como la desidentificación con todo ese contenido mental. Con este entrenamiento la mente baja su frecuencia y cada vez hay más espacio entre ellos produciendo sosiego, calma, bienestar, centramiento y relajación. Además, nos da lugar a tomar consciencia de los asuntos a resolver y a volvernos más comprensivos y menos reactivos en nuestras respuestas automáticas, dando opción a elegir valores o sentimientos de amor, paz, afecto, bondad y equilibrio. Por otro lado, la relación con la incertidumbre e impermanencia mejora y aumenta la capacidad de sobreponerse a momentos de dificultad o conflicto (resiliencia). Al tomar distancia de los pensamientos, se deja de creer en todo lo que se piensa y de apegarse a ello o rechazarlo, acciones que son causa de sufrimiento.

Para el Budismo la vida es sufrimiento, pero no porque la naturaleza sea así, sino porque la mirada del ser humano es quien sufre la experiencia por estar aferrados a lo que queremos, a lo que esperamos, a controlar la vida, las posesiones y los resultados. La paz nos la quitan nuestras expectativas y nuestra necesidad de control, dominio y cerrazón en las ideas propias. Por eso, propone como alternativa a todo este desasosiego, anclar el observador y a través de él, el desarrollo de la compasión y la desidentificación con el excesivo control, apego o rechazo que nos provoca el sufrimiento.

La física cuántica tambien ha puesto de moda este concepto de “El Observador” como causante de la creación de nuestra realidad, exponiendo que éste influye sobre lo observado y hace que las ondas de información se conviertan en partículas, o sea, que lo inmaterial se haga material. Evidenciando que un mismo objeto puede tener múltiples apreciaciones de acuerdo a la perspectiva de cada observador y que la realidad se va creando conforme va siendo observada, convirtiéndonos así en seres creadores.

Por último, la cosmovisión andina añade a todo lo anterior que, mientras que el observador observe desde la inconsciencia los programas heredados de la genealogía o implantados por alguno de los cuatro paradigmas —Religión, Política, Economía y Ciencia—, sería inapropiado considerar a dicha realidad creación divina, en tanto que un verdadero Dios es consciente de sí mismo y de las creencias a través de las cuales está proyectando o creando una realidad nueva.

Me gusta este aporte de los códigos andinos que enriquecen y amplian la perspectiva, hablan de diferentes niveles de conciencia y amplían el Observador que exponía el Budismo añadiendo un nivel más llamado “El Cuarto Observador”. A través de él, a todo evento sucedido se le puede encontrar utilidad y darle una función para el crecimiento personal. Con lo cual, a parte de desidentificarse de él, conviene extraerle un aprendizaje. El poder de este nivel de consciencia también radica en que quien lo ejerce deja de ser afectado por los demás, en tanto que sale de la Realidad Colectiva y, por el contrario, mete a los demás a la suya propia. El observador observará sólo aquello con lo que resuena. Por tanto, es desde este nivel de consciencia del cuarto Observador, que verdaderamente ejercemos nuestro poder divino, nos convertimos en Iniciados.

Cuando reflexionamos sobre la UTILIDAD que tiene el suceso que estoy observando, además, le damos FUNCIÓN a ese suceso para nuestro crecimiento. Es una forma estupenda para establecer la paz en nuestro entorno y ante nuestras guerras internas, para mirarlas de cerca y hacernos las preguntas correctas para entenderlas.

Mírate frente al espejo y vuelve tu mirada hacia ti mismo: ¿Qué motiva tu guerra? ¿Qué heridas están vivas en ti, qué te hace sufrir? ¿Para qué peleas con otros cuando no te dan lo que estás necesitando? ¿Qué te enfada de tu día a día y a qué crees que se debe lo que te molesta? De nuevo, lo de fuera se manifiesta cada día para que revisemos en qué estado está lo de dentro, y, en este orden –primero dentro y después fuera-, podemos cambiar el estado de Paz en el mundo.

Y para concluir, te invito a que asumas el papel de El Cuarto Observador en tus meditaciones diarias y que, al presenciar los hechos que te hieren en la realidad, te cuestiones lo siguiente: ¿Qué UTILIDAD tiene este suceso que estoy observando? Y además ¿Qué FUNCIÓN puedo darle para mi crecimiento personal? Luego para soltar el sufrimiento, prueba también a vencer, poco a poco, tus propias ideas y razones. ¿Qué pasaría si dejaras de necesitarlas?  Si quieres que te acompañe en la práctica de anclar “El Observador”, participa en mis sesiones semanales y talleres de “RELACIONES DESDE LA ARMONÍA” donde tendrás la oportunidad de indagar sobre la utilidad y la función de los sucesos de tu vida para tu crecimiento personal en las relaciones.

Con amor

Genoveva Martinez.

 

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